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  • Esther Comin Celades

Y TÚ, ¿CUECES O ENRIQUECES?

Actualizado: 26 may 2021

Hoy, sin ir más lejos, he alcanzado a leer hasta 6 artículos sobre las virtudes profesionales que todos deberíamos lucir para garantizarnos el pan y el trabajo de cada día.





Me pilla un pelín harta:


1. Cómo vender… Proactividad, seguimiento agresivo, diferenciarse. Lo de siempre, adjetivo arriba o abajo.


2. Cómo liderar... Un refrito de los 7 hábitos de Stephen Covey, adaptados al gusto del consumidor. No me ha convencido. Era un casi sí, pero no.


3. Cómo incrementar el compromiso de tus empleados... Éste ha resultado increíble… de verdad, no me podía creer la cantidad de manipulaciones bizarras nivel “pastelina 0” que contenía, me ha provocado hasta vergüenza ajena.


4. …. Ya me cansé de criticar, lo siento.



Me los leía en voz alta y me daba por pensar:
“Como si fuera un vestido, oye, de quita y pon, una especie de fast-brain-food que logra transmutar el barro en oro.
Basta con que te aprendas las palabras adecuadas, aprendas a mirar directamente a los ojos y creas en ti mismo… y ya lo tienes.
Promocionas fijo. O te dan el empleo. O te suben el sueldo. O las 3 cosas.”

Que no digo que todos estos trucos no sirvan para algo, seguro son válidos en multitud de ocasiones y nos pueden ayudar.


Sin embargo… ¿sabes qué echo en falta, pero mucho, mucho? Pues, la verdad, más artículos sobre cómo ser mejor, y no sobre cómo parecer mejor.


Claro que tengo a mi alcance infinidad de libros interesantes al respecto, es solo que me llama la atención que, a la hora de escribir algo más ligero, de menos de 200 páginas, casi a nadie le nace hablar de ello.




BUSCAMOS LA LEALTAD


De nuestros compañeros, jefes y subordinados, pero hay pocas conversaciones sobre cómo merecerla.


Buscamos la rectitud y la honestidad en nuestros empleados y colegas… pero nunca debatimos sobre qué valores o acciones concretas son las que van a acreditar tanta dedicación.



Nos exasperamos ante:

· los fallos de los empleados antiguos

· las quejas de las altas direcciones

· la resistencia al cambio de los sindicatos

· el aburrimiento de los millennials

· el ansia de promoción de los menos dotados…


¿Qué hacemos, entonces? ¿Dónde está la reflexión? ¿Cómo enfrentamos esas emociones? Porque no hay máster que te enseñe cómo lidiar con eso…




¿CUECES O ENRIQUECES?


Hace algunos años, el más súper de todos mis jefes (y sabe Dios que tenía unos cuantos) me pilló sentada en el despacho, con las manos debajo del trasero (hazte la imagen, anda), los ojos mirando al vacío, sin hacer aparentemente nada.


JEFAZO:

— ¿Se puede saber qué haces? —Su cara decía más bien algo como “¿no era que yo te pagaba por trabajar…?”


SERVIDORA:

— Pues, perdone, es que estoy pensando. Y si no me sujeto las manos, empiezo a hacer cosas, porque soy una ansiosa y la inactividad me pone de los nervios, pero entonces no pienso antes de hacer…


JEFAZO:

— ¿Pensando? Madre mía, ¡eso es hasta antiguo! Nada, nada… sigue, pero si te sale humo de la cabeza, párate y haz algo, ¿vale?



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Todavía ahora sigo intranquila y no termino de comprender si se trataba de un elogio o de una crítica (lo segundo, ¿no?).


Seré una antigua, pero sigo opinando que, en lo profesional, pensamos poco y nos movemos demasiado.





ME HE PASADO AÑOS COCIENDO


Acalorada, a la carrera, sin pausas, sin salud y sin hacerme preguntas. Pero ya no quiero más tirarme al ruedo, ya me harté de cocinar ideas o proyectos como churros, sin tiempo para hacer las cosas como es debido, sin tiempo de mimar el detalle, sin tiempo para la gente que me gusta o que me importa.


Yo aspiro a enriquecer mi vida, la profesional y la otra (desde luego, no en ese orden), jugando a la delicadeza y a la intención, a invertir energía sin escatimar en lo que valga la pena, y dejar pasar lo que no sea genuino.


Anhelo seguir teniendo horas muertas para investigar y estudiar, para oler las flores, para reírme a carcajada batiente… sí, también en el trabajo, ¿por qué no?


Y, ¡claro que me encantaría generar lealtad, honestidad, rectitud, liderazgo…!


Así que acepto humildemente ayuda de quien tenga un minuto, para que me enseñe a ser mejor persona, a merecer todos esos regalos y a no perder el rumbo en el trayecto.


Y enriquecer mis días.

Y compartirlos contigo, por ejemplo.

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